24 may. 2014

Nada nos parece cambiado.

"Hay pocas personas que no se hayan despertado antes del amanecer, bien después de una de esas noches sin sueños que nos hacen casi enamorados de la muerte, bien después de una de esas noches de horror y alegría contrahecha en las cuales se deslizan por las cámaras del cerebro espectros más terribles que la misma realidad, llenos de esa palpitante vida que se oculta en los grutescos y que presta el arte gótico se permanente vitalidad, al ser especialmente este arte -podríamos imaginar- el de aquellos cuya mente ha sido perturbada por la morbosidad del ensueño. Poco a poco se deslizan por las cortinas y parecen temblar unos dedos blancos. En oscuras formas fantásticas, mudas sombras se arrastran a los rincones de la habitación y se agazapan allí. Fuera hay una conmoción de pájaros entre las hojas, o el ruido de los obreros que van a su trabajo, o el suspiro y el sollozo del viento que baja de las montañas y vaga en torno a la casa, como si temiera despertar a los durmientes y, sin embargo, tiene por necesidad que llamar al sueño y hacerlo salir de su caverna purpúrea. Se levanta un velo tras otro de tenue gasa oscura y poco a poco recobran las cosas sus formas y colores; vemos cómo la aurora recrea el mundo en su antiguo aspecto. Los desvaídos espejos recobran su vida imitada. Las velas apagadas están donde las habíamos dejado, y junto a ellas el libro a medio cortar que estuvimos estudiando, o la flor que llevamos en el baile, o la carta que tuvimos miedo de leer o que habíamos leído demasiadas veces. Nada nos parece cambiado. De las irreales sombras de la noche vuelve la vida real que conocíamos. Tenemos que reanudarla donde la habíamos dejado, y ello inculca en nosotros una terrible conciencia de la necesidad de seguir dedicando energía a la misma cansada rutina de hábitos estereotipados, o acaso un loco anhelo de que nuestros párpados se abran una mañana a un mundo que ha sido nuevamente configurado en la oscuridad para nuestro placer, un mundo en el que las cosas tuvieran nuevas formas y colores y hubieran cambiado, o tuvieran otros secretos, un mundo en el cual el pasado tuviera poco o ningún lugar o, por lo menos, no sobreviviera en ninguna forma consciente de obligación o arrepentimiento, ya que la aun remembranza de la alegría tiene su amargura y aun los recuerdos del placer tienen su dolor."


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